¿Por qué la ciudad está en venta?

Se han preguntado por qué es necesario que haya democracia en el mundo, por qué países como Estados Unidos llevan a los pueblos la democracia como si fuera la cruzada del siglo XXI. Pero dónde está esa democracia, si las decisiones que rigen nuestro planeta las siguen tomando un grupo de hombres con dinero y con poder. Qué democracia es la que nos imponen, si posteriormente sólo obedecemos sin tener la oportunidad de participar en ninguna decisión que dirige nuestro futuro.

La democracia, es sólo la punta de lanza para que los poderosos decidan el rumbo de los países, y México es un país democrático para nuestro pesar. Como somos democráticos, los planes de desarrollo gestados en el Fondo Monetario Internacional (FMI) son aptos para aplicarse en México, y a la población nadie le avisa. La democracia del siglo XXI, se caracteriza porque debemos obedecer lo que otros decidan. Como gente de a pie, no tenemos el dinero suficiente para tomar nuestras propias decisiones. Esto es el panorama del mundo, mientras más dinero más oportunidad de comprar las riquezas de los países democratizados.

México, es un país que tiene riqueza pero con un modelo para obtenerla que va en contra de los habitantes. Extraemos los recursos que tenemos pero no generamos ingresos, no permitimos que el desarrollo comunal se organice para incentivar emprendimientos que permitan a las comunidades decidir sus modos de vida y tomar sus propias decisiones. Al contrario, si queremos que una comunidad “progrese” se instala un OXXO, un Walmart o se declara una Zona de Desarrollo Económico y Social. ¿Cuál es el papel de los pobladores en esta democracia?

En otros países, llamados “desarrollados”, la riqueza no se concibe como una extracción, como un modelo de uso y desecho, la riqueza se genera, se construye. Los países desarrollados no es que no tengan tantos recursos naturales como México, sus ingresos se deben a que sus modelos de administración son diferentes. Los del primer mundo tienen carbón, metales, arena y hasta diamantes, pero no piensan en extraerlos como sucede en México, sino en generar la riqueza misma. Nosotros tenemos hierro, ellos tienen tecnología. Tenemos que cambiar nuestro modelo, incentivar la organización de los ciudadan@s, de los pueblos y de todos los habitantes, para que generemos la riqueza y no sólo la extraigamos. No obstante, todos los intentos de esta participación han sido agredidos: Cherán, Bachajón, las comunidades del EZLN, Ostula,, etc. Porque aunque somos democráticos, aún no tenemos el dinero suficiente para decidir cómo queremos administrar a nuestro país, eso se lo dejamos a Walmart, a Femsa, a Coca Cola o a las empresas inmobiliarias.

Muchos analistas mencionan que el problema de la democracia es que tiene conceptos del siglo XIX, con políticos del siglo XX y resuelve problemas del siglo XXI. Nosotros planteamos que el problema de la democracia es que las opiniones y las voces de los que menos tienen son inexistentes en la toma de decisiones; es decir, deciden por nosotros y como personas con menos ingresos debemos aguantarnos. Se supone que el país más democrático del mundo es Estados Unidos, y estos gestaron su democracia en el siglo XVIII y siguen realizando sus cruzadas democratizadoras por los países que menos dinero tienen. EU forja la democracia del siglo XXI en los países distantes, pero estos no tienen la capacidad de resolver ningún problema porque no poseen el dinero suficiente para que puedan decidir por ellos mismos.

Así que el “decidamos juntos” siempre ha traído esta dinámica mundial implícita, decidamos juntos entre poderosos y extractores de riquezas. Hoy en día, los que deciden juntos han elaborado muchos planes de “desarrollo”, que dentro de la ciudad han limitado el actuar de los ciudadanos. La ciudad no le pertenece a sus habitantes, la ciudad es excluyente de sus pueblos originarios, de sus ejidatarios, de sus comuneros. La ciudad le pertenece a los que más tienen, porque ellos han comprado la democracia, han comprado la capacidad de decidir.

En estos días, existe un movimiento de resistencia importante en toda la ciudad, Xochimilco, Coyoacán, Tlalpan, Magdalena Contreras, Benito Juárez, Iztapalapa, Miguel Hidalgo, Azcapotzalco, TODA. Porque la ciudad está en venta y con ella nosotros como sus habitantes. Los espacios públicos nos pertenecen a todos, se supone que todos somos los dueños, pero en esta democracia del siglo XXI, los espacios públicos son tratados como los bienes privados de los funcionarios, y los regalan, los venden o los usan como sus terrenos particulares. En el caso de Coyoacán esto sucedió con la Planta de Asfalto, donada a una empresa-paraestatal, que aunque tenga control del gobierno sigue siendo una empresa; es decir, busca la ganancia ¿Quién decidió donarla? Pues el “decidamos juntos”, los que pueden comprar su capacidad de elegir.

Dentro de las formas administración pública tradicionales, una persona podía decidir sobre las otras. Así como Mancera que decide sobre el resto de los ciudadanos qué hacer con lo que nos pertenece a todos. Tal vez al Doctor en derecho, no le queda muy claro la diferencia entre un bien privado y un bien público, por eso lo que es de todos lo administra como si fuera él su único dueño. Así, que su innovación democrática o su burocracia moderna, tiene una serie de inconsistencias que como ciudadanos nos deja con muchas dudas sobre lo qué el Doctor entiende como innovación o desarrollo.

Hace algunos días, la prensa publicó una nota en donde Mancera señalaba que no entendía cómo un parque, como el de la ZODES Ciudad Futura, causaría desplazamientos—para colmo el parque se llama Parque Innovación CDMX. Pues desde su donación “gratuita” a la paraestatal Calidad de Vida y Progreso, hoy PROCDMX, los ciudadanos fuimos desplazados de nuestra capacidad de decisión, desplazados de nuestra libertad de actuar para forjar nuestro propio destino. Ciudadanizar el desarrollo, como mencionan en el gobierno del D.F. es continuar con este modelo de desplazamientos, de extracción sin generar riquezas, de no permitir que los pobladores incidamos en la construcción de nuestro propio futuro. Ahora cedemos obligatoriamente lo que es de todos, porque en la democracia del siglo XXI lo que es público le pertenece al que más dinero tiene.

Por eso decimos: #Noalaciudaddelfuturo que representa el desplazamiento de los habitantes del Distrito Federal.

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